Los crímenes y las ejecuciones en Venezuela

por | marzo 17, 2018

Los jóvenes ya habían sido torturados en una base militar cuando los soldados los amontonaron en dos jeeps y los transportaron a una zona boscosa en las afueras de la capital venezolana. Tropezando en la oscuridad, con camisetas sobre sus caras y las manos atadas detrás de sus espaldas, fueron conducidos a un hoyo abierto. Entonces los soldados usaban machetes para dar golpe tras golpe en la base de sus cuellos. La mayoría sufrió heridas abiertas que los mataron antes de golpear el suelo.

Otros, sangrando profusamente pero aún vivos, se derrumbaron en la tumba poco profunda mientras sus asesinos apilaban tierra sobre sus cuerpos para ocultar el crimen. “Creemos que estuvieron vivos durante un buen tiempo mientras morían de asfixia”, dijo Zair Mundaray, un veterano fiscal que dirigió la exhumación y la investigación que reconstruyó cómo se desarrollaron los asesinatos. “Tuvo que ser algo terrible.”

Un problema de estado

Para el Sr. Mundaray y su equipo de investigadores, la masacre en esta zona al este de Caracas en octubre de 2016 fue el más sangriento de los asesinatos cometidos por las fuerzas de seguridad en un país dividido por una violencia indescriptible.

Fiscales, criminólogos y grupos de derechos humanos afirman que fue sólo uno de los muchos ataques letales recurrentes y en aumento perpetrados por la policía o los soldados. El alcance total de las supuestas atrocidades está empezando a salir a la luz pública ahora. Luisa Ortega, una ex militante del Partido Socialista que fue fiscal general hasta que huyó a la vecina Colombia en agosto, está publicando datos sobre los asesinatos, al igual que grupos independientes de derechos humanos y periodistas venezolanos.

Su oficina registró los asesinatos de 8.292 personas por parte de la policía, la Guardia Nacional, el ejército y la versión venezolana del FBI, desde 2015 hasta los primeros seis meses de este año, dijo en una entrevista con The Wall Street Journal. Según ella, las operaciones se dirigen a barrios pobres que tradicionalmente han formado la base del apoyo al chavismo, el movimiento radical de izquierda en el poder desde 1999 que lleva el nombre de su difunto fundador, Hugo Chávez. Ella y otros activistas de derechos humanos los critican por ser intentos equivocados y torpes de enfrentar el crimen que prolifera en esos vecindarios.